#NoMeDigasGuapa

En días pasados estrenamos en redes sociales, especialmente en Facebook y en Twitter, un hashtag llamado #NoMeDigasGuapa. La razón de ser de este trend topic es muy profunda y relevante. Los indicadores de acoso, violencia de género y feminicidios están subiendo, las cifras son alarmantes desde hace años pero hoy ya son inaceptables. Y a falta de acciones contundentes por parte de organismos gubernamentales, es la sociedad quien está empezando a desarrollar herramientas de contraataque.

Llamó mi atención además del nombre, la reacción de las mujeres. Muchas empezaron (empezamos) a compartir experiencias de acoso y otras participaron nutriendo la petición, cerrando por supuesto, con el ya mencionado hashtag. Algunos ejemplos que recuerdo fueron: “No me hables si no me conoces”; “No creo en los piropos, para mí son insultos disfrazados”; “Nada tan halagador como el respeto”; “No me acoses”.

Decidí contribuir con esta tendencia porque viene muy al caso cuando hablamos de la vida profesional. Y aunque hoy las políticas de acoso intentan ser más estrictas, la realidad es que todavía existen empresas que protegen o solapan muchos comportamientos tóxicos que caen en la línea del hostigamiento.

Forzar un beso o abrazo en los saludos y las despedidas de una colega de trabajo; faltar al respeto al espacio personal ya sea con acercamientos inapropiados o contacto físico innecesario y no solicitado; piropos cuando la relación es estrictamente profesional; comentarios subidos de tono y las infames miradas incómodas (largas y penetrantes) son tan solo algunos ejemplos de los comportamientos que se viven a diario en la cultura de trabajo mexicana. El #NoMeDigasGuapa es sólo un ejemplo de las cosas que las mujeres queremos frenar para vivir una vida personal y profesional de tranquilidad y podernos enfocar en lo verdaderamente importante: nuestro crecimiento, nuestra carrera, nuestras pasiones. ¿Por qué tendríamos que dedicar parte de nuestro día a batallar con interacciones que no son bienvenidas?

Recuerdo hace algunos años cuando trabajaba en una empresa francesa. Estaba recién llegado un compañero a quien llamaremos “Alejandro”. Llevaba 2 días de haber entrado cuando se atrevió a buscar mi nombre en el directorio y a contactarme por medio del Messenger interno solo para decirme que tenía “muy bonitas piernas” y otros comentarios incluso más ofensivos y totalmente fuera de orden. Hice lo que el protocolo indicaba. Guardé la conversación para no dejar lugar a interpretaciones y puse una queja formal con la responsable de Recursos Humanos de la oficina (adjuntando la conversación). ¿Saben qué pasó? Nada. No pasó absolutamente nada. Esa no fue la última acción de hostigamiento de “Alejandro”. De esta experiencia recuerdo la gran incomodidad que me provocaba trabajar con una persona que no me respetaba. Pero también recuerdo la decepción de no haber encontrado empatía en la organización. Hoy entiendo que pude y debí escalar la situación, pero era muy joven para entenderlo.

Así como esta empresa, existen muchas que todavía están paralizadas ante este monstruo de 7 cabezas. Algunas tienen políticas “de chocolate” que no se aplican; otras implementan el despido a los dos “involucrados” en el problema (esto simplemente me saca de quicio), incluso a la persona acosada; y otras ni siquiera se pronuncian al respecto y prefieren hacer como que no pasa nada a sabiendas de tener una cultura tóxica. Pero las empresas son sus empleados y a veces hay que forzar el cambio. Este es un tema que requiere esfuerzo, valor y compromiso.

¿Qué podemos hacer como mujeres para frenar el acoso en la oficina?
Promover acciones como #NoMeDigasGuapa para que dejen de minimizar el impacto del hostigamiento en nuestras vidas. No ser esa Representante de RH que prefirió hacerse de la vista gorda por no tomar una postura en un tema polarizado. Exigir políticas de cero tolerancia al acoso que ayuden a mejorar el ambiente de trabajo y exigir, por supuesto, que se cumplan. Hablar con nuestros compañeros de trabajo sobre lo que nos incomoda. Pedir pláticas de sensibilización al equipo de RH para cambiar la cultura organizacional. Compartir con amigos y familiares lo difícil que es trabajar en un clima de acoso para que no lo repliquen en sus respectivos trabajos. Alzar la voz, denunciar. Usemos los canales apropiados para poner la quejas. Algunas veces funcionará, otras no. Pero si de 10 casos logramos resolver 3 y de 100 hombres logramos sensibilizar a 30, ya es mejor que lo que tenemos hoy. Como siempre, cambiar la cultura laboral está en todas, no dejemos morir este esfuerzo que es tan importante. Vivir con tranquilidad en la calle, en la casa y en la oficina es parte de quererlo todo. Y lo merecemos.

Nota: Si tu estás en una empresa que lucha activamente en contra del acoso, promuévela. Se lo merece la compañía y quienes la conforman. Y merecen saberlo también todos los que buscan un trabajo con buen ambiente laboral.

Sam Magadan

CEO & Career Coach

Emprendedora. Directora y Career Coach en Kandidaat. Experta en desarrollo de CV, LinkedIn y entrenamiento para entrevistas. Seguidora del FC Barcelona. Amante del cine y de la música. Viajera incansable.

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