Emprender o no emprender, esa es la pregunta.

Las que hemos dejado de ser empleadas para ser emprendedoras, sabemos el pánico que se siente arriesgarnos y perder la estabilidad económica que nos da un sueldo fijo por empezar a emprender. Pero pocas somos honestas para hablar de ello.

Lo entiendo, porque ser honesta y confesar que te sientes aterrada de moverte de lugar, no es fácil.

En mi caso, aunque sentía felicidad por cambiar mí rumbo profesional, la angustia y el miedo a fracasar no me dejaban dormir. Llevaba diez años trabajando como empleada. Por lo que los primeros seis meses posteriores abrí con mi mejor amigo nuestro despacho de abogados. Dormí pésimo. Me sentía angustiada todo el tiempo y el miedo que sentía, me llevaba a estar más que sensible. En dos ocasiones le lloré a mi socio, porque no tenía clientes. Me sentía desesperada…

Pero como bien decía Heráclito, “todo fluye, nada es permanente”.

Así que seguí haciendo llamadas y enviando correos a mis contactos. Hasta que hice mi primer cliente y como efecto dominó de varios más. Esto me permitió pagar los gastos que me correspondían en la sociedad y a tener la vida de la que hoy disfruto.

Lo que más me llena de satisfacción de este proceso que inicié hace tres años, es reafirmar que soy una mujer con una gran fortaleza interna y determinación. Me propuse cambiar el camino de mi carrera profesional. Y no solo logré eso; sino también mejorar la calidad de mi vida y tener el tiempo para hacer las cosas que amo; mi familia y amigos, meditar, etc. O sea, tener una vida más allá del despacho; que era algo que no tenía cuando trabajé como empleada de despachos grandes.

La decisión de cambiar de rumbo fue algo que anhelaba desde años atrás. Pero no había tenido el valor de hacer. Una vez tomada la decisión, con todo y el miedo, me atreví atravesarlo. Aunque a veces sería mucho más cómodo y me daría mayor estabilidad económica regresar a ser empleada, no cambio por nada la libertad que hoy tengo y que me llena de felicidad.

Para todas las que se han atrevido, como yo, a salirse y desafiar el estatus quo, comprendemos que nada ni nadie nos puede detener.

Para todas las que siguen dudando en emprender su propio negocio, atrévanse a abrirse a las infinitas posibilidades que existen en el Universo. Acuérdense que tomar riesgos y dar lo mejor de nosotras mismas en cada decisión, le da sentido y propósito a nuestra maravillosa existencia.

 

 

Norma Ortiz Galán

Socia

Norma Ortiz cursó la Licenciatura en Derecho en la Universidad Iberoamericana, A.C. Con doce años de experiencia en las áreas de derecho corporativo y marcas, es socia fundadora de ROSALES Y ORTIZ, S.C. desde octubre de 2014. Norma ha participado en diversas transacciones de clientes nacionales y extranjeros y proporciona asesoría a personas físicas y morales en asuntos relativos a fusiones, adquisiciones, marcas y telecomunicaciones, entre otros.

No Comments Yet

Comments are closed